
Su abuela tenia, entre otras cosas, unas pocas buenas costumbres.
Entre ellas, tenia la habilidad de contarle cosas para que se durmiera, pero a veces lo conseguía y otras no. Una noche hablaban de casas, como cada casa tenia puntos en común con sus dueños y como tenían personalidad y hasta tenían su propio olor, hasta que le explicó que las casas eran como las personas.
-¿Qué quieres decir, yaya?, eso no es posible
-Claro que lo es, y además te lo demostraré
-Verás, cada una de las partes de la casa se corresponde con una parte de tu cuerpo, y así puedes saber que tipo de casas son y que personalidad tienen.
- Venga ya abuela, que no cuela.
- Que sí, que sí, mira, por ejemplo, el despacho, el despacho es el cerebro, es allí donde se estudia y donde está la información importante, y también es allí donde se toman la decisiones, el despacho es la inteligencia y el cerebro
- Si, ya -contestó ella , demostrando que no le convencía en absoluto
- La cocina, piensa en la cocina. la cocina es el estómago, allí es donde está todo lo que te alimenta
Aquel tono melodramático que alcanzaba la conversación y su ausencia de sueño, hicieron que su cara de cuatro y su escepticismo romántico se sublevaran por completo.
Esta tarde vinieron dos operarios de una tienda de muebles a cambiarle la cama. Llevaba su dormitorio toda la semana vacío, sin aquella mediana cama heredada y vieja, y con cierto aire decadente que sus vecinos le imploraban que cambiara a golpes de pared los fines de semana y que el a mi mismo me prometía que tenia que hacer ya, sin esperas, desde hacia bastante tiempo. Mientras montaban su nueva cama y el eco de la habitación se iba esfumando, pensaba en la historia de su abuela, y que quizá no estuviera tan equivocada, que algo había cambiado.
Además de su cama.

24/9/09