En su anchura, el olvido reconoce a los suyos,
y en su tierno abandono mi destino se aclara.
Carlos Mastronardi

Se ciñó la chaqueta y casi desplomándose, se apoyó en el portalón. Esté se abrió violentamente, haciéndola tropezar. El susto le llevó a apoyarse en el picaporte de latón para no perder el equilibrio.
Notó su calor, como si alguien recientemente hubiera abierto la puerta.La oscuridad pudo más que su prudencia, vaciló por un segundo y se decidió a traspasar el umbral.
En su interior un desagradable olor a humedad, mezclada con el olor a cera quemada, la perturbó por segunda vez. Su instinto le decía que había habitantes en aquella casa, pero la oscuridad le impidió ver si estaba en lo cierto.
De pronto, un rayo partió el cielo, iluminando las escaleras que abrían paso al piso superior.
Buscaba desesperadamente, a tientas , buscar el interruptor de la luz, sin encontrarlo, una y otra vez, sin éxito recorrió cada centímetro de la humedad pared.
Con mucho cuidado de no tropezar, en la oscuridad, se dirigió a las escaleras. De vez en cuando, la oscuridad dejaba paso a una ligera penumbra alentada por los destellos de los relámpagos y aunque breve fueron suficientes para iluminar el camino.
Se detuvo en el primer piso, donde probablemente debía de haber un espacio abierto. Localizó un nuevo interruptor de la luz, pero fue en vano, otro intento fallido.
De pronto, un rayo partió el cielo, iluminando las escaleras que abrían paso al piso superior.
Buscaba desesperadamente, a tientas , buscar el interruptor de la luz, sin encontrarlo, una y otra vez, sin éxito recorrió cada centímetro de la humedad pared.
Con mucho cuidado de no tropezar, en la oscuridad, se dirigió a las escaleras. De vez en cuando, la oscuridad dejaba paso a una ligera penumbra alentada por los destellos de los relámpagos y aunque breve fueron suficientes para iluminar el camino.
Se detuvo en el primer piso, donde probablemente debía de haber un espacio abierto. Localizó un nuevo interruptor de la luz, pero fue en vano, otro intento fallido.

Entró en la habitación esquivando los muebles que la albergaban. La luz de otro relámpago iluminó, esta vez la chimenea que estaba frente a un gran ventanal, fué sólo un momento, suficiente para ver el el estante que albergaba multitud de velas.
A tientas se acercó a él y ayudada por la tenue luz que llegaba del exterior, buscó algo para encenderlas. Y allí estaba ella , aquella muñeca rota

Rota
es una muñeca rota
corazón de la lana
y cuerpo de plástico .
Fría
glaciar frío ,
cumbre de nieve
cubierta con cristales blancos .
Vacía
armario vacío
con puertas que crujen
bisagras colgando .
Rota, fría y vacía
que mira hacia abajo.
No hay nada más
que una sonrisa egoísta