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lunes, 2 de marzo de 2020

Una vez

Suena : I Pull a spell on You [ Jay Hawkins
Llegamos a amar nuestro deseo,
y no al objeto de ese deseo.
Friedrich Nietzsche



          Llevaba muchísimo tiempo dándole vueltas al asunto, examinado los pros y los contras y animándome a mi misma de que el hecho de que mis amigas pusieran el grito en el cielo al enterarse no debía cortarme de ninguna forma.: Siempre he sido muy curiosa en materia sexual y acosarme con un hombre y pagarle era una fantasía que me rondaba, como os digo, desde hacía mucho tiempo.

          Pero no me atrevía. En el fondo, pensaba que pagarse un chulo era algo que hacia quien no tenía otro remedio, y a mi las cosas no me iban del todo mal sexualmente hablando. Además me aterraba, por ejemplo, el hecho de que el no me gustara.

   ¿Y si tenía algo que me desagradaba físicamente?, ¿Cómo debía actuar?, ¿Tendría que decirle que se fuera y pagarle de todos modos por, digamos, el desplazamiento, como a os fontaneros?

        Sin embargo, el asunto se me había metido en la cabeza y sabía que no pararía hasta llevarlo a cabo, así que una noche me arme de valor y llame a una agencia de chicos que se anunciaba por Internet.

         Mi objetivo era Raúl: moreno, metro ochenta y cinco, 78 kilos, cuerpo de escándalo y sonrisa seductora. Llamé, pero al parecer no estaba disponible esa noche. Intentaron colarme a otro, pero les dije que no me importaba esperar lo que fuera. Cogieron mi número de teléfono y me dijeron que el mismo se pondría en contacto conmigo.

        Lo hizo al día siguiente, por la mañana. Me pilló en la cama, medio dormida, y cuando me dijo quién era pensé que se trataba de algún tipo al que le había dado mi teléfono en una noche de borrachera algo así. Nuestra relación empezó bien, porque su voz me gusto mucho parecía realmente simpático, aunque supongo que eso formaba parte de su trabajo.Me propuso que nos viéramos esa misma tarde, hablamos de las condiciones y colgamos.


         Estuve nerviosa todo el día.Me sentía como si se tratase de una auténtica cita con el chico que me gustaba. En realidad no sabía cómo funcionaban estos encuentros, así que por si acaso limpie la casa a conciencia, compre vino del bueno y pase gran parte del día entregada a mi aseo personal.

         Raúl llegó puntual, y a mi me comían los nervios cuando escuché el interfono. Se tardaban unos 70 segundos en llegar al octavo piso. Me miré en el espejo, me atusé el pelo un poco y repasé mis labios. No sabía que ropa debía ponerme, así que opté por los vaqueros que mejor me sentaban y una camiseta de tirantes.

Me vi guapa.

     Sonó el timbre, por fin, abrí la puerta de golpe, conteniendo la respiración, y me lo encontré delante de mí.

        Nos dimos dos besos, un poco cortados, y le invité a entrar. Se notaba que estaba acostumbrado a estos momentos iniciales, porque supo cómo romper el hielo y a los cinco minutos me sentía mucho más cómoda.Notaba cómo me miraba de reojo, cuando me levanté a por el vino o cuando encendí unas velas.



Safe Creative #0912115100226Este relato es una reposición publicada en mi anterior blog con fecha 11 de diciembre de 2009


Y ahora como en las películas americanas puedo decir: Este relato no esta basado en hechos reales, cualquier parecido con la realidad es  pura coincidencia 


jueves, 6 de febrero de 2020

Diferente

Las batallas se pierden con el mismo espíritu con que se ganan
Walt Whitman



      Trabajaba rodeado de mujeres. Por eso no era extraño oír, sin querer, alguna de sus conversaciones.

        El asunto preferido de ellas era hablar de los hombres y de sus infidelidades. A veces, se metía con ellas, le encantaba provocarlas para observar sus reacciones entre alguna sonrisa y algún asombro. Con él, estaban muy a gusto, podían conversar abiertamente porque lo consideraban un ejemplar muy raro.

¡Quién les diera a ellas encontrar un hombre así!

      No andaba detrás de las faldas, era un marido devoto y apasionado, un hombre que vive una relación que duraba más de veinte años.

        Confiaban en él, lo buscaban, pidiéndole su opinión cuando se sentían más vulnerables. Todas tenían problemas amorosos: una era demasiado creyente e ingenua, otra se sentía víctima de su amor, estaba también aquella, que se apasionaba por encontrar su pareja ideal, obsesionada de que esta vez fuera para toda la vida.

       Le encantaba conversar con la secretaria, mujer de una belleza serena, inteligente, mujer de gran sensatez. Aún así, parecía vivir angustiada por no entender la falta de interés que le mostraba su esposo, que prefería la compañía de mujeres mucho más jóvenes.

   El era diferente y, por eso mismo, las mujeres lo respetaban, lo adulaban y se esmeraban en agradarle sin condición. Era la personificación de lo que ellas idealizaban en un hombre.

    

     No es que fuera menos masculino que los demás, que no tuviera los mismos deseos. Apreciaba a las mujeres, le fascinaba fotografiarlas captando su sensualidad, en su abandono sublime y provocador de sus cuerpos desnudos.           Fantaseaba , a veces, pero solo era eso, una mera fantasía, un devaneo imaginario. Hacía honor a la solemnidad de los votos del matrimonio, creía en el amor vivido en transparencia, sin subterfugios, creía en el valor del compromiso, creía en una relación sin falsedad.

           Presumía de ser feliz, estaba satisfecho, más había momentos en que tenía sus dudas.

¡Que diablos! al final era un ser humano, con todas las flaquezas y dudas, inherentes a esa condición.

                Vivía una vida familiar donde los momentos altos pesaban más que los bajos, sin grandes rasgos de entusiasmo, pero en armonía y equilibrio. Sentía la seguridad de una unión estable con la mujer de la cual se había enamorado, cuando aún era un adolescente. No se podía quejar.



                 Por la noche, después de un día de trabajo y de escuchar las incesantes tragedias de sus compañeras, se acurrucaba en los brazos de su amor, reposaba la cabeza en su regazo , ella jugaba con su cabello , lo besaba, sonreían. No era la misma pasión de los primeros años, pero con todo, había un cariño que él no cambiaría por nada de este mundo.

            En los brazos de su mujer, con los ojos cerrados, sonreía al pensar que ella era feliz con el, que ella no tenía motivos de queja como aquellas compañeras de trabajo. Sentía un cierto orgullo y su ego permanecía intacto.


Sabía, entonces, que valía la pena ser un hombre diferente.

       


     Eso fue lo que  pensó hasta descubrir la deslealtad de su esposa y darse cuenta del engaño en el que había vivido los últimos cinco años.
 


viernes, 9 de mayo de 2014

Balada de invierno para una musa con premio

   Escuchando:
Jonas Kaufmann- Amor ti vieta
Stacey Kent _ So Nice 
     Las luces del coche apenas trepanaban el betún de la noche, alumbrando lo imprescindible para mantenerme en el gris alambre del sendero, lleno de quiebros, de cambios de dirección y de pontones torcidos. 

        Hacía varios años que no visitaba el pueblo y le  sorprendió el progreso experimentado: habían asfaltado las calles, instalado farolas, colocado señales de tráfico y adecentado las fachadas de las casas. Donde antes se encontraban las afueras, los barrizales de tierra roja y los hozaderos de los puercos, ahora ondulaba una pradera de césped y al fondo, entre plátanos recién plantados, se levanta un hotel nuevo, la Pensión del Silencio.
      
 Todas aquellas transformaciones le  parecieron irreales decorados de una película de bajo presupuesto. En el aparcamiento, antepuesto a la entrada principal, sólo había aparcado un coche, oscuro y quieto como una criatura más  de la noche. Seguía nevando y los copos dejaban dislocados surcos en el parabrisas y se deslizaban presurosos hasta desaparecer con el calor del motor.

    Paró el coche a la entrada y cuando salió él se encontró con la desagradable sorpresa de haber pinchado una rueda. Maldijo en todas las lenguas que sabía, que son varias, cuando recordó  que su  gato se lo había prestado a su  ex, porque en una de sus excursiones profesionales extravió el suyo. De estas guisas entró en el café de la Posada del Silencio. Se acercó  a la barra y al girar la cabeza la vio.

        En el fondo del salón, de espaldas y mirando por los ventanales, había una mujer. El pelo le caía como un vertiginoso atardecer sobre su jersey, mientras unas leves volutas de humo ascendían por delante de ella hasta perderse.

---Continuará----


Desde aquí quiero agradecer a Tatu que desde su blog Fantasías Tatuadas , ha tenido a bien otorgarme un premio, un cariño, un guiño. Hace unos meses que la conozco pero es de esas personitas que te llegan al corazón de una manera casi inmediata, así que si no la conocéis, sinceramente, os estáis perdiendo una gran persona que escribe de maravilla.


. Sí queréis saber un poco de mi aquí obtendréis la respuesta:


Gracias por vuestra huella 
y por vuestra presencia
Besos a mares
MaRía


viernes, 25 de abril de 2014

El Espejo (Epílogo)







          Con sus manos atadas en la nuca, la sensación de poder que ella había empezado a sentir, aumentó tanto como su excitación. Con calma le quitó los zapatos y los calcetines. Le bajó los pantalones hasta los tobillos y se los quitó también.

         Su miembro delataba su excitación, aunque él no parecía demostrarla. Le atraía como un imán y estuvo tentada de acariciarlo, pero se contuvo. Le quitó, por fin, su prenda más íntima, y observó su desnudez. A pesar de la diferencia de edad, se sentía totalmente atraída por ese hombre.

Le sugiero que, si va a utilizar el cinturón, me quite antes la camisa


En la estantería donde se amontonaban los libros y junto a otros objetos, vió una daga de plata repujada. Se acercó a cogerla, la sacó de su funda y comprobó su filo.

Con una sonrisa, inquirió con la mirada a su maniatado anfitrión

- No se prive, estoy en sus manos


        Con la ayuda de la daga, la camisa quedó en unos segundos hecha unos jirones. Cortes superficiales en la piel empezaron a sangrar ligeramente En ese momento, su única vestimenta era el cinturón del batín.

      Sin avisarle, ella, descargó un golpe en sus nalgas con el cinturón. Él mordió su labio inferior por que sabía lo que venía a continuación, y le gustaba

- Su visión se va a realizar - le dijo


      Y mirando hacia el espejo comenzó a azotarlo con una cadencia, como si un metrónomo marcase el ritmo de sus golpes.

Plas – plas – plas - ……

        Al principio no notó nada, pero a medida que se iba cansando, vio algo diferente en el espejo. La visión no era tan nítida como antes, pero no le dio importancia.

      Él había aguantado estoicamente, sin que su virilidad se viese resentida, muy al contrario, su miembro parecía haber aumentado su tamaño.

      Le hizo arrodillarse, lo tomó del pelo y, forzando su cabeza hacia atrás lo besó con furia. Su lengua, buscó la del hierático hombre que la había trastornado. No comprendió su falta de respuesta, y eso la enfureció.

- ¿Qué pasa, ahora no le gusto? - Le gritó en su cara

El no respondió, y mantuvo su expresión.


       Mientras lo agarraba por el cinturón que sujetaba sus manos, tuvo unos instantes de lucidez en que no se reconoció en ese papel. Jamás había tenido aficiones sado-masoquistas. Más bien era tradicional con el sexo. Pero algo le impedía parar.

      Busco un sillón para sentarse y continuar con la visión del hombre, que se había fundido con la suya. Ya no podía distinguir donde empezaba una y acababa la otra.

      Lo  frente al espejo, abrió sus piernas y obligó al hombre a meter la cabeza entre ellas. Se encontraba completamente mojada por la excitación.

Su monte de Venus estaba depilado y la lengua que minutos antes le había sido negada, empezó a recorrerlo lentamente.

Le soltó el cinturón para tener mejor movilidad y se dispuso a disfrutar mirando al espejo.


     Esta vez vio sin ninguna duda que en el espejo había un halo que impedía ver con nitidez su reflejo. Pero eso no importaba, la lengua extraña recorría su vagina con la misma cadencia que había recibido los golpes. Sus gemidos aumentaron en intensidad indicando la proximidad del momento deseado.

El momento del orgasmo le llevó sensaciones desconocidas, hasta entonces para ella. Solo duró unos segundos, pero pensó que había tocado el cielo.

- ¿Se encuentra bien?


Mientras ella se recuperaba, escuchó la pregunta que le hacía

- Ssssi – respondió, todavía en una nube.


         Él se levantó, retiró el sillón y la tumbó en la alfombra. Sin preámbulos, se acostó encima de ella e inició el juego amoroso, con un vigor inusitado para su edad. Ella resistía como podía sus envites que le transmitían a la vez placer y dolor. Sus manos recorrían su espalda humedecida por la sangre de los cortes, tiñéndolas de rojo

Giró su cara y pudo ver como el halo del espejo parecía haber cobrado movimiento.

       Se asustó y cuando le iba a decir que parase, nuevas oleadas de placer la invadieron, a la vez que notó que él también había terminado.

     Se sumió en un sopor irresistible. Estaba muy cansada y solo quería dormir.

Cuando despertó, él se había marchado y el espejo había desaparecido. Se vistió y salió a la calle.




     Al pasar por un escaparate, vio reflejado su rostro. Volvió sobre sus pasos para confirmar lo que había visto. Su juvenil aspecto, había desparecido. Representaba , al menos diez años más que los que tenía.

Al día siguiente volvió.

Parecía deshabitada.

     Preguntó y le confirmaron que llevaba vacía muchos años y que existía una leyenda sobre un antiguo dueño de esa casa, aficionado a prácticas ocultistas, que utilizaba un espejo, traído de uno de sus viajes a Oriente, para atraer a mujeres a las que seducía para robarles su juventud.




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Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

miércoles, 2 de abril de 2014

El espejo, 4ª parte - la espiral-




Contemplando aquella escena me había olvidado por completo del mundo exterior , no sé el tiempo que pasé allí delante de el, pero a deducir por la cara de aquel hombre no debió de ser poco. Aturdida, por todo aquello me costaba hablar.


Notaba como ese desconocido  me recorría con la mirada, me sentía como en la imagen del espejo, desnuda ante él.


- Debió gustarle lo que ha visto ¿no me lo quiere contar?

Seguía sin poder hablar, nerviosa miré el reloj. Buscaba una escusa para marcharme pero no quería irme, deseaba que aquella imagen fuera real. ¿Cuánto tiempo había estado el detrás de mi? ¿Que era lo que el veía?


- Perdone, me distraje, pensará que soy una maleducada, usted me ofrece su hospitalidad y yo me pierdo en mis pensamientos. Le ruego me disculpe. 

Me pidió de favor que le comentase lo que veía en el espejo, que necesitaba saberlo. Me dijo que muchas veces a él también le pasaba lo mismo, era como si el  lo trasladase a un mundo de fantasías.


Me tomó la mano y me invitó a sentarme de nuevo en aquel sofá Yo seguía callada, le miraba y al mirarlo volvía a desearlo.


-Se lo que ha visto, o lo intuyo, no se moleste sí me equivoco y quiero dejarle claro de antemano que no pretendo ofenderle en ningún momento. Pero ya que usted calla, le contaré mis visiones.




         Diciéndome esto posó suavemente una mano en mi muslo, notaba el calor de su mano a través de la tela del batín, mi corazón se aceleraba, un sudor frío recorría todo mi cuerpo y mis pechos me dolían, me dolían como hacia mucho tiempo que no me sucedía. El me hablaba, me contaba, me acariciaba y me deje llevar, llevar por lo que deseaba, por lo que había visto. Cerré los ojos, me desabroché el batín y comencé a acariciarme los pechos disfrutando de sus palabras. De pronto algo frío corría por mis pechos lo que me hizo abrir los ojos de inmediato. Una piedra de hielo en sus manos fue el detonante de mi decisión e inmediatamente me ergui.




-Estoy en inferioridad de condiciones. ¿no cree?

     Me acerqué y poco a poco le desabroché su camisa, solté la hebilla de su cinturón , y le liberé de sus pantalones. Allí le tenía semidesnudo, ahora era yo la que iba a contarle detalladamente lo que vi. Cogí el cinturón del batín sujetándole las manos detrás de la nuca; su camisa desabrochada, su miembro a la vista; el callaba ahora, sólo observaba, me recorría con esa mirada lasciva y tierna a la vez.

- Bueno, ya que deseaba tanto saber lo que vi.. Lo verá y lo vivirá. ¿Tiene algún inconveniente? Puede ser que me lleve, mucho, mucho tiempo el contárselo...

Negó con la cabeza a la vez que hacía una mueca de satisfación y sonreía.


-Esta parte consigue efectos muy gratos en mi, pero ya que está usted enfadada supongo que lo que hará es ponerme así atado y sin pantalones, frente al espejo, y con el cinturón del pantalón, desahogar su furia, y ver que efectos consiguen sus golpes, y al verlo, coge mi cabeza con su mano derecha, me arrodilla, inclina mi cabeza hacia atrás y me besa en los labios. Esto unido a los golpes consigue efectos milagrosos sobre mi. Esto la excita. Se sienta en una silla, separa el batín y espera a que hunda mi cabeza en usted. Le gusta verme así, atado, delante de usted.Y en eso estoy.(Espero no enfadarla de nuevo, o quizá si. Se pone muy guapa cuando se enfada.)


Después de escucharlo me di cuenta que no eran dos escenarios: el real y el que yo vi en El, si no tres puesto que aquel hombre tenía su propia ""visión". El ambiente se tornaba casi tenso, un duelo entre dos y ruido del péndulo marcaba que era hora del siguiente paso.


Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

domingo, 23 de marzo de 2014

El espejo, 3º Parte - el secreto.

"Si deseas saborear tu virtud,
peca de vez en cuando."
Ugo Ojetti



         El hombre notó como mi rostro se encendía con su pregunta. Me miró al mismo tiempo que yo me levantaba con la intención de marcharme lo antes posible de aquella casa. Me tocó la mano y me invitó a sentarme de nuevo.

-Apenas le he dicho nada de el.

-Ya, pero ... todo esto es extraño, el estar aquí, usted y yo solos, creo que será mejor que me vaya.

-Espere. No me diga lo que vio, he sido muy indiscreto. Le contaré algo más a cerca de este espejo.

       Me volteé, le miré asintiendo nuevamente con la cabeza.Caminaba por toda la estancia a la vez que él me descubría otra de sus cualidades.

-El, no es realmente un espejo. Me explico, es un "falso espejo". Sí uno se pone delante de él se puede ver reflejado, pero detrás; detrás es diferente.

        Sacudí de nuevo la cabeza, no entendía nada, cada vez estaba más confusa y para disimularlo seguí ojeando lo que había en las estanterías: libros, cuadros, figuras extrañas y unos frascos de cristal finamente tallados que de nuevo despertaron mi atención, logrando que me olvidara de él por un instante.

-¿Que son?

- Aceites, aromas, esencias; suelo viajar habitualmente a Oriente Medio por temas de trabajo. Esos países me atraen, su comida y sobre todo los aromas muy diferentes a estos. Pero venga, siéntese, ¿comprende ahora su otra cualidad?

-Púes, no , si le soy sincera, no entiendo nada.

-Siéntese y mire a la calle.

        Efectivamente, desde atrás del espejo se veía la calle perfectamente, diría que hasta casi mejor que si estuviera pegada a la ventana.

-Así fue como la vi, como me fijé que usted se paraba ante el .

-Pero ¿como es que yo no me veía reflejada?.

-Sí hay alguien detrás, es un cristal normal, no refleja. Por eso a veces, cuando yo no estaba mirándola usted podía ver su imagen- ¿comprende?

-Sí, pero no. Bueno es igual, más o menos sí entiendo...

-Ahora venga conmigo.

         Nos acercamos de nuevo al espejo , ahí estaba de nuevo tumbada en aquel sillón frente a él que me miraba sentado en una butaca, alguien se aproxima, me dice algo al odio. Me levanto dirigiéndome hacia aquel hombre; le beso el cuello y me doy la vuelta me paro ante el de espaldas a la vez que la muchacha me brinda uno de los frascos de la estantería. Ya mas cerca del espejo comienzo a untar mi cuerpo con un liquido brillante, deduzco que es uno de esos aceites aromáticos de los que me habló. Estoy absorta , muda , me cuesta pasar la saliva.

-Eh señorita! ¿Que le pasa?

El hombre me devuelve a la realidad.

--/--- continuará


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Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

jueves, 13 de marzo de 2014

el espejo; 2º parte .- En su casa

En su hombro había un lunar que nadie conoció .
Su cuerpo fue un planeta inexplorado
Su piel fue un paquete sin abrir.
No pudo entender el erotismo del poema
y la pornografía no fue mayor problema de moral
no conoció los besos de zaguán
ni los hoteles de ocasión.
En suma
la que murió virgen fue un equívoco de Freud
y vivió a medias.

Consuelo Tomas





       Nos dirigíamos a su casa, yo medio paso más atrás. Un hormigueo invadía todo mi cuerpo, la intriga de descubrir que secreto guardaba aquel espejo, ese hombre que me resultaba tan inquietante y mis tacones por aquella calle adoquinada, apenas me permitían caminar con paso firme



       Mi cabeza no dejaba de pensar, ese hombre me hablaba pero yo apenas le oía murmurar algo, días atrás nunca hubiese imaginado lo que estaba haciendo

-¡Esto es de locos; ir a casa de un desconocido!


Me paré un momento. El enseguida se dio cuenta.


-¿Está usted bien? Si quiere lo dejamos para otro momento, tal vez tenga obligaciones que cumplir


-Sí, tengo que ir a la oficina, pero,pero- titubee-  no se preocupe hago una llamada y todo solucionado, una vez que estoy aquí.


Mi voz temblaba, me dí cuenta y eso todavía me puso más nerviosa - lo ha notado-


-Bueno, ya llegamos; las damas primero.




      Me abrió la puerta de aquella habitación, allí estaba , el espejo, aquel espejo misterioso que me atraía ahora más que nunca y que sin embargo no era capaz de acercarme a él.


-¿Quiere tomar algo? ?¿un café, un chocolate, una infusión? Dígame.


-Sí gracias, un café con leche me vendría bien, hace un poco de fresco.


     Ahí me quedé en aquella sala, observando y no viendo nada, bloqueada, temblorosa, casi paralizada por una especie de morbo. Era una pequeña sala, muy acogedora, una especie de biblioteca, con su mesa de despacho y un gran sofá de cuero negro capitoné junto a EL presidian la estancia. Casi de puntillas, para no hacer ruido caminaba, observaba, olía, tocaba. Hasta que me planté delante de el.





   


  Que curioso ahora sí, ahora sí me veía

-Tome aquí tiene.


     Ensimismada en mis pensamientos me giré de súpeto y el café se derramó sobre mi traje.


-No, nooooo -me dije- ¡seré patosa!


-Lo lamento, estaba usted ahí tan callada, mirándolo, pero no pensé que la asustaría.


Me trajo una especie de batín y me señaló una puerta.




   -Mejor cámbiese, no es bueno estar con la ropa así, puede cambiarse en esa habitación. En menos de cinco minutos limpiamos su ropa.

Allí estaba yo, con un batín, sentada a lado de un desconocido y en su casa.

      -Bueno, vamos a ver, aquí estamos los dos, mejor dicho los tres; ahora le contaré que secretos guarda mi espejo. Lo primero que me gustaría decirle es que en el  se ve lo que se desea ver. Usted ahora se ha puesto delante. ¿Ha visto  algo? ¿Le importa contármelo?

No podía, lo que vi, como iba a contárselo, a él, a ese desconocido. 



MaRía ©



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miércoles, 5 de marzo de 2014

El espejo; 1ª parte

   Escuchando:
A house is not a home -Sarah Vaughan 


  Hacía ya un tiempo que cada día al pasar, camino de mi trabajo, por delante de aquella casa, algo me llamaba la atención. Era como un imán que me llamaba, pidiéndome que me acercara a aquella ventana.


      Era una casa de estilo neo-clásico, de las pocas que quedan ya en el centro de mí ciudad, aparentemente destinada a vivienda a pesar de ocupar uno de los solares más codiciados por las grandes constructoras dada su situación privilegiada. El adoquinado de la calle hacía que mis pasos fueran firmes y a la vez extremadamente cuidadosos, eso debió también ser uno de los motivos de recrearme en aquel ventanal.


     Aquel día me acerqué más de lo habitual, miré fijamente apoyando las manos en los cristales, apenas podía ver lo que escondían aquellas paredes; unos visillos de elegante encaje y un enorme espejo eso era todo lo que pude ver. Así un día tras otro, hasta que el destino quiso que viera salir de aquella casa a un hombre, era alto, no muy joven, de porte elegante y pelo canoso, mientras estaba ensimismada contemplando aquel espejo. Sin pensármelo dos veces me acerqué a él, y antes de darme tiempo a mediar palabra me dijo:


-Buenos días, la estaba esperando, venga vamos a desayunar. Es costumbre de hace años tomar el café en Kir's mientras ojeo la prensa diaria.


Cortada por la situación, sin saber que decir, lo único que hice fue seguirlo medio paso tras de él.


     Ya en la cafetería pidió dos desayunos, no sin antes cortésmente preguntarme por mis gustos, leía la prensa comentado las noticias: encomia, política, local; me sentida ridícula, apenas hablaba asentía con la cabeza. Mi cuerpo temblaba como una niña, y mi cabeza no dejaba de imaginar, de pensar que narices hacia yo delante de aquel desconocido, desayunando y casi sin hablar.


-Mire....-Ana, me llamo Ana-Mire Ana, hace un tiempo la vengo observando, sé que usted a mí no me ve. Pero la veo pararse delante de mi ventana, intentando ver algo, descubrir lo que esconden mis visillos y quedándose un buen rato mirando a mi espejo. ¿No es así?. No diga nada, eso tiene una explicación, me refiero a que usted se sienta atraída por El, pero aquí no es el lugar idóneo para contarle la historia de Mi Espejo, sólo quiero decirle que es especial, tan especial como usted. Cuando terminemos de desayunar , iremos a mi casa y sabrá de que cualidad le hablo. Sé que no necesitará muchas explicaciones para entenderlo y los acontecimientos se sucederán solos.


     Aquella conversación, me aturdió todavía más, miré el reloj y de dije que era imposible, que tenia que acudir a mi trabajo.Cogiéndome la mano , me dijo que no pasaba nada, que no tuviese miedo, que iba a ser una experiencia única, única como yo, que sabía que yo lo deseaba y que el destino no se podía cambiar.


     Mirándolo asentí con la cabeza, llamé a mis despacho y a continuación nos dirigimos a su casa.


Y es que a veces lo que se ve en un espejo es lo que deseamos ver...


 continuará...?

16/10/2009
María L.
Fotografías: Karel Kuehne

Safe Creative #0910164692464

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

sábado, 1 de marzo de 2014

Historia de 3 rosas - El desenlace

Escuchando:
Sorry  Seems To Be The Hardest Word- Elton John

Alzo mi rostro sin abrir los ojos hacia la lluvia que le azota de manera cruel. Gelidez líquida salvaje contra mi soberbia.



Abro mis ojos.

Me levanto torpemente.

          Ya de pie recojo el arma con el que iba a cambiar la vida de esta noble planta y mirándola con odio desmesurado la arrojo lejos de mí con todas mis fuerzas.


          Encamino mis pasos a la casa. Ya en la entrada me quito todo aquello que ya no me protege de la lluvia porque ella ya está en mis huesos.

        Descalza me dirijo al salón. Me planto ante mi recién adquirida orquídea y acercándome a su flor aspiro su aroma y luego beso su corola. Me siento posteriormente en el sofá y ante la imagen de lo poco que me queda de mi girasol me planteo que ella fue mi primera víctima de mi egoísmo por hacerme con cosas bellas para satisfacer mi vanidad y como inconscientemente recurro a sueños para justificar mis actos.




Y recuerdo como justifiqué mi deseo de poseer el girasol.

Y recuerdo que pensé que era lo más bello que había visto nunca.

Y recuerdo lo que deseaba tenerlo conmigo.

Recuerdo lo que recuerdo porque lo que no quiero recordar también lo recuerdo aunque haga mucho para no recordarlo.

Recuerdo que el girasol era un ser muy bello.

Y recuerdo…

Te recuerdo a ti amor porque ya que no pude tenerte a ti, me llevé tu girasol conmigo.





Me quede con la rosa blanca porque nunca pude tener tu compañía.

Me quede la negra porque nunca pude tener tu confianza.

Me quede la rosa azul porque nunca pude tener tu futuro.

Me quede la orquídea porque nunca pude tener tu inocencia.

Me quede el girasol porque nunca pude tener tu amor.

Y con tanto quedarme con todo me quede sin nada.

Uní tu recuerdo a la de tu flor.

Uní lo que no podía tener a lo que podía robar.

Pero no es lo mismo.

Deseo tu compañía, tu confianza, tu futuro, y sobre todo, tu amor.


      Ahora sólo tengo recuerdos que no son más que efímeras manifestaciones de lo que realmente no es más que mi imaginación. Necesito tener más que un recuerdo en forma de flor.


Necesito algo más que un recuerdo.

Te necesito a ti.

Me acerco al escritorio y de sus cajones saco una agenda en la que se haya tu nombre y tu número.

Y acercando el teléfono a mi lado, me siento y descuelgo. Marco tu número y mientras suena la señal pienso en que voy a decirte pero no se me ocurre nada.

De repente suena tu voz diciendo un hola y yo me quedo muda.

No sé que decir.

Vuelves a decir hola.

Y yo con gran esfuerzo echo valor y me decido a hablar y te digo…


Perdóname



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martes, 7 de enero de 2014

Sumisión; Relato de una fantasía 2

 El, un caballero educado, se le notaba, le fue explicando su forma de vivir, de entender la sumisión. No buscaba el dolor, que no todos los amos, ni todas las sumisas eran iguales. Su meta era buscar el placer de los dos en su mayor dimensión.

     Ella se excitaba con solo imaginarse en esa situación; un escalofrío recorría su cuerpo, abandonándose a una explosión de sensaciones que se desataban en su más intimo interior. ¡Como deseaba vivir esa experiencia!

Entre los dos se estableció una complicidad, que para ella era nueva, única. 

      Necesitaba saber más de El: sus experiencias, los preparativos antes de una sesión y ella, sin apenas darse cuenta se metía de lleno en su papel de sumisa cuando le leía.


      -Te iré a visitar, no estas lejos, acudiremos al lugar convenido. Llevaré mi traje de Armani, mi camisa blanca, zapatos de charol a juego con el cinturón. Pero te aseguro que lo que más te llamará la atención serán mis gemelos y la hebilla de mi cinto brillantes e impecables. Ya te diré como quiero que te vistas.  Nos iremos a tomar unas copas - me gusta conocer bien a mis sumisas- luego una buena cena en un lujoso restaurante - es bueno tener el estómago lleno... zorrita antes de una buena sesión-  y luego, te llevaré a bailar. Te mostraré, mostraras tus encantos. Hasta ese momento seremos amigos. 

       Podrás hablar, reír e incluso preguntar, no quiero sorpresas. Luego al llegar a la casa, yo ya seré tu amo y tu mi sierva, mi sumisa. Se acabaran las preguntas y te exigiré sumisión total.

       Ella lo deseaba cada día más y más; hasta que llegó el día en que él le propuso una cita, una cita real.


      Le envió una nota explicándole, con todo tipo de detalles como se produciría el encuentro, dejando para otra ocasión, las sorpresas que le aguardarían si ella lo aceptaba como su Amo.

       Lo deseaba, y a la vez, lo rechazaba. Su cabeza no hacia caso a sus instintos. Le pidió tiempo.

Nunca más supo de él. Esa fantasía aún esta por cumplir, quizás nunca llegue a realizarla.

Pero eso es su fantasía más oculta , más secreta y más inconfesable. 


miércoles, 27 de noviembre de 2013

Alevosía



¡Miedo !grita ella.




Dos jóvenes corren por una callejuela oscura y húmeda, son las tantas de la madrugada y parece no haber un alma. Él tira de la mano de ella,

-Vamos- le dice, - No deberíamos pararnos aquí, ya casi estamos.

Jadean y sudan, están exhaustos.

-Espera, espera un poco- dice ella, con menos fortaleza que él. -Debo recuperarme un poco, llevamos horas corriendo- le protesta.

-Él está aquí, lo presiento – le dice él,  -¿eres consciente de lo que nos pasará si nos pilla?,

 -Sí- responde ella con decisión.

 -Vamos- dicen al unísono.

Echan a correr de nuevo todo lo rápido que son capaces, con el corazón casi fuera del pecho y jadeando con fuerza, en busca de una meta. De repente, doblan una esquina y ven el puerto. Ambos se paran y se esconden tras un contenedor de barco.

-Mira, ahí está- le dice él – ¡hemos llegado !

ambos se miran y sonríen,

 -¡ hemos ganado!- le dice ella, mientras mira atentamente uno de los barcos amarrados en el puerto.

Pero en ese instante alguien sale de la oscuridad desde detrás de ellos, y con dos golpes certeros y rápidos y casi sin hacer ruido les asesta dos puñaladas que acaban con sus vidas sin que ninguno de los dos tenga tiempo de decir nada.



Las portadas de la prensa al día siguiente rezan estos titulares.


Aparecen dos cadáveres en el puerto.

La pasada noche, en las rodalias de los estibadores portuarios, aparecieron los cuerpos de dos jóvenes asesinados.

Al parecer murieron a causa de una puñalada en el corazón en ambos casos, y se desconoce el autor de tan macabro crimen.

Los jóvenes identificados como D.B. Vergüenza y C.P. Miedo, aparecieron tirados junto a los contenedores del puerto.




Fotografías de :Henri Cartier-Bresson
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